1. El teatro es una experiencia que ocurre en tiempo real y en el presente, aun cuando la puesta en escena esté previamente modelada. Ninguna función es igual a otra. Ni el pasado ni el futuro tienen espacio en la escena.
2. El análisis de un montaje tiene por finalidad desentrañar las causas, razones, factores o motivos que explican las sensaciones que se vivencian en ese tiempo particular de la representación.
3. Ningún modelo de análisis será inflexible o habrá de imponer un código rígido de lectura. Al contrario, la variedad de propuestas teatrales en boga amerita adecuar las pautas de apreciación a cada espectáculo e identificar los elementos distintivos de él.
4. Si se aspira a enriquecer la lectura o interpretación de un espectáculo teatral, es fundamental adoptar un punto de vista.
5. Sólo se aprende a decodificar un montaje cuando se asiste al teatro. El ejercicio se enriquece todavía más cuando el espectador se expone a una variedad de géneros: desde la comedia hasta las propuestas experimentales. De otro modo, es difícil establecer –de no mediar prejuicios- por qué algo nos gusta, agrada, desagrada o derechamente nos causa repulsión.
6. En el hecho de que un espectáculo nos maraville o nos provoque rechazo, hay un material contundente para conocerse a sí mismo. En ello radica la importancia y la trascendencia de afinar la capacidad de apreciación.
7. Sólo quien se conoce, sabe lo que le gusta. Es decir, sólo quien se conoce, sabe por qué tipo de montaje teatral está dispuesto a desplazarse, hacer una reserva o pagar una entrada.


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