El teatro y la danza constituyen géneros de códigos propios que desafían la capacidad de lectura del espectador.
Avanzan hacia vastos territorios de sentido, donde las creaciones se re-descubren cuando son puestos en tensión en los cuerpos de los actores o intérpretes y se entrelazan con otros materiales escénicos.
Para ser descifrados a cabalidad, demandan un público con dominio de referentes que permitan enriquecer la experiencia estética y apreciar los montajes desde variadas aristas.
Una creación escénica puede asentar su valor en:
• la catarsis,
• la conmoción,
• la provocación,
• la belleza,
• el goce,
• el discurso crítico,
• la entretención,
• la visión renovada de mundo
• o la interpelación al entorno.


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